
Era el mejor antídoto, mezclado con el peor veneno. Tenía sus dos personalidades. Dulce, fanático de mi amor, sensible, y por otro lado frio, calculador, manipulador, egoísta. A mí me tocaba parte de cada uno. Él era mi adicción. Yo era su pasatiempo. Era su juguete, medio estúpido y torpe, pero lo entretenía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario